15 de agosto de 2017

En el sector del Libro (II) Luis Felipe Alegre

CLÁSICOS IN VERSOS. Guía de la obra en libro

El proceso de Clásico in Versos (1989-90)[1] coincide con la transformación de El Silbo Vulnerado, que era una Cooperativa, en S.L. Ello fue obra de un economista argentino que creía en el Grupo y pensaba que si funcionaba bien en América, no tenía que ser distinto en España. Se llamaba Marcelo Reyes y con el tiempo sería más conocido como profesor y como editor, con Trinidad, de Olifante.

El espectáculo se ofrecía para público en general, y pensamos en hacer una guía de lectura que ampliara la información del programa de mano. Así que editamos en libro los poemas enteros (cuando el espectáculo es panorama de una época o de un tema, valen los fragmentos), poniendo en cursiva las estrofas que aparecían en escena. Se acompañaba de fotografías del montaje, obra de
Antonio Ceruelo.

Luis Miguel Bajen, filólogo además de músico, dirigió la edición y tuvo que emplearse a fondo para determinar algunas autorías y explicar falsas atribuciones en notas detalladas. En el litigio entraban Quevedo, Góngora y Jovellanos.

No nos iba tan bien el negocio trovadoresco como para permitirnos el lujo de esta edición, pero habíamos obtenido una ayuda económica del Gobierno de Aragón y supimos repartirla entre el espectáculo, el disco y el libro. Las ventas en librería fueron simbólicas, pero en las actuaciones los libros y los discos se vendieron muy bien.

UN SUEÑO DE JUGLARES. Antón Castro y El Silbo Vulnerado

Como apoyo al montaje Romanceros[2] se pensó hacer un libro que contara la relación del Grupo con el Teatro, la Música y la Literatura. 

Desde su llegada a Zaragoza, disfrutábamos de la amistad de Antón Castro. No dudé en pedirle que lo escribiera él. Y fue un abuso, pues el libro debía salir coincidiendo con el cercano estreno. Así que Antón pidió una excedencia en El Periódico de Aragón y se dedicó casi dos meses a indagar con el diseñador José Luis Romeo en los archivos y en mi memoria.

Con el tiempo, El Silbo Vulnerado: «Un sueño de juglares» atesora su interés como fuente, pues no se limitó Antón a hablar de nosotros, sino que trazó el correlato de aconteceres artísticos aragoneses de las décadas Setenta y Ochenta contrastados en posteriores estudios de, por ejemplo, Jesús Rubio Jiménez y Adolfo Ayuso.

El coste de la edición, 2.000 ejemplares, fue sufragado a partes iguales por el Grupo y por el Gobierno de Aragón, que firmó la edición.

FIGURAS LITERARIAS Y MÉTRICA. El Catón de Isabel Guerrero y Pablo Aína

En los primeros años 90 existía la Academia Catón en Zaragoza.  Estaba especializada en Humanidades y la dirigían Isabel Guerrero y Pablo Aína. Practicaban el instruir deleitando con los alumnos y editaban libretos como el de Figuras literarias y métrica. En la segunda edición fuimos una suerte de coeditores.

En 1992, cruzando la frontera de Argentina con Bolivia estuvimos retenidos un par de horas porque llevábamos una maleta con 15 kilos de Figuras. Yo conté que eran para profesores de los colegios donde íbamos a actuar. Pero ellos sospechaban que tal cantidad era cosa de negocio. Amplié la explicación diciendo que aunque el libro parecía un manual más, tenía la peculiaridad de que los autores seleccionados en los ejemplos de figuras eran modernos e hispanoparlantes, o sea García Calvo con Pablo Neruda, o Rulfo con Gil de Biedma. Al final confesé que se iba a hacer una serie de televisión, que el libro era el guión y los ejemplares eran para repartir entre el equipo, pues era muy amplio. Se lo creyeron, o se hizo la hora de merendar, no sé, y dieron por buena la versión.

LAS GRANDES PEQUEÑAS EDITORIALES CUBANAS

En 1995, la publicación de Cancionero propio de  Marta Valdés me llevó a las publicaciones artesanales que en Matanzas hacía la editorial Vigía.

En el periodo especial escaseaba el papel y hasta el Granma se había quedado en cuatro páginas.  En varios talleres de la Isla estaban editando libros hechos a mano, empezando por el “papel”,  con plantillas, collages… Trabajaban con tela, hojas, papel de estraza, o papel de aluminio. Máquina de escribir, cliché, mimeógrafo, ciclostil. Ediciones de 100 ó 200 ejemplares.

Este libreto con versos de Nicolás Guillén, de la editorial de Holguín Cuadernos Papiro, está ilustrado por Yunia Pavón. Su portada es collage. No hay dos iguales.



En Matanzas, la Atenas de Cuba, los de Vigía también reciclaban cajas de puros para contener una antología de Gastón Baquero. No puedo decir que no haya traficado con puros habanos, pues cada caja contenía uno, además.


Reuní una colección que se mostraba en el Sopa de Letras.














EL LIBRO COMO POEMA. Helena Santolaya

Existe el libro de artista, el libro objeto, el arte conceptual, el dadaísmo, existe fluxus… y existe Helana Santolaya. 

Con Helena Santolaya tuve dos años de intensa colaboración en su Sopa de Letras. Por ceñirnos al tema, sus libros gigantes en cartón que, inicialmente, le servían para una instalación sobre Leopoldo Mª Panero, fueron también escenografía de nuestro Traficante de Palabras, montaje con textos del mismo autor. Hizo tres, en el Sopa solo cabía el pequeño. Como se ve en la foto, se combinaba con textos proyectados en diapositiva y recitados con distorsionador de voz.
Poco a poco, nos fuimos atreviendo –Helena a dejarlos en mis manos y yo a jugarlos ante el público- a mover otros libros memorables, entre ellos Peligro. Un libro pesado y peligroso pues se despliegan páginas cargadas con cuchillas de afeitar, a lo hay que sumar la inquietud del contenido textual en torno al Teatro y su doble, de Artaud.












Con cierta periodicidad[3] trabajamos con los libros de Santolaya, hacedora también de utilería con desarrollo visual, algo fundamental en nuestros montajes.











TÍTULOS. Espectáculos con título de libro

Tontamente, acaso, no he buscado aprovechar publicitariamente la fama de un libro y encabezar el cartel de un montaje con el título de una obra literaria. Un verso, sí, muchas veces. Pero como han sido muchos los espectáculos que he titulado, creo que se me puede perdonar alguna excepción a la regla. Bueno, tres:

Poeta en Nueva York de García Lorca.[4] Pero creo que aquí se justificaba el uso del título, porque había una suerte de metapoética: tras cada poema, en silencio y sobre oscuro escénico, desfilaban todos los títulos de poemas contenidos en el libro; cuando llegaba el de la escena siguiente, la proyección se pausaba y desaparecía lentamente. Eso le gustó mucho a Marie Laffranque.

Argentino hasta la muerte,[5] de César Fernández Moreno. Robamos el título, que el poeta había robado a su vez a Guido y Spano (“He nacido en Buenos Aires / ¡Qué me importan los desaires / con que me trate la suerte! / Argentino hasta la muerte, / he nacido en Buenos Aires”). Fuera de bromas, era también el título del texto más largo del montaje y creímos que las generaciones a las que queríamos implicar como público, debían separar a primera vista al padre (Baldomero, muy conocido por sus “Setenta balcones y ninguna flor”) del hijo (César, hermano de los también destacados poetas Manrique y Clara). En 2005 convocamos a familia y lectores de César en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires con motivo del 20 aniversario de su muerte. Allí hablé muy elogiosamente de sus trabajos en verso y prosa, siendo matizadas mis opiniones sobre su obra ensayística por Noé Jitrik.[6]

Romancero gitano,[7] de García Lorca. Recital acompañado con fragmentos de la conferencia que daba Lorca sobre los poemas del libro, y diapositivas de los dibujos que pintó en esos años.

En otra ocasión, no sé si acertadamente (tuve varios fallos en este montaje, y el título pudo ser uno de ellos), titulamos un trabajo sobre Bécquer Donde habite el olvido,[8] verso de Bécquer, sí, pero más conocido por ser título de un poemario de Luis Cernuda.

En otras ocasiones, en el título del espectáculo ha entrado referencia de libro también, pero sutil, como para entendidos: Rayo, Viento y Ausencia[9] se corresponde con tres libros de Miguel Hernández (Rayo que no cesa, Viento del pueblo, Cancionero y romancero de ausencias); Desde Azul,[10] que es un recorrido por las poéticas modernas hispanoamericanas, recurre al libro de Rubén.

(Continuará)




[1] El disco y espectáculo Clásicos in Versos eran culminación de nuestra etapa posmoderna, en la que poníamos músicas descontextualizadas a poemas clásicos. Cada fase del trabajo tuvo su propio director: el espectáculo, por Héctor Grillo, la grabación por Francisco J. Gil, la música en escena por Goyo Maestro. El disco (Tecno Saga, 1989), con la carátula de Germán Díaz, se editó en casete y vinilo.
[2]  Romanceros, dirigido por Héctor Grillo y coproducido con la compañía vallisoletana La Quimera de Plástico. También tuvo su edición musical (Tecno Saga, 1991) dirigida por Goyo Maestro. Carátula de José Luis Romeo sobre foto de Antonio Ceruelo.
[3] Este año 2017,  con Dolos y  Carina Resnisky subimos los libros de Santolaya al escenario del Teatro Bicho, del Contenedor y del IES Grande Covián.
[4] Coproducimos en 1994 con Chérguì Théâtre de Toulouse la adaptación al francés de Poeta en Nueva York, que giró dos años por Francia y España. Con dirección mía y escenografía de Sara Brasky, actuaban Jean Michel Hernández y Ana Continente. El programa lo diseñó Fernando Lasheras.  El estreno contó con la presentación de Mª Clementa Millán  (autora de la edición crítica del libro, en Cátedra, 1987) y de Grassa Toro. André Belamich nos autorizó retoques en su traducción publicada en  Œuvres complète, Gallimard, 1981. Y la entrañable Marie Laffranque nos dio su bendición. Estos apoyos nos brindaron seguridad en el trabajo, pues aún persistía la polémica de si los poemas del libro, en realidad, conformaban dos poemarios distintos...
[5] Argentino hasta la muerte, cuatro textos de César Fernández Moreno. Representado por el actor porteño Martín Ortiz y elenco, con escenografía (9 cuadros) de Germán Díez y utilería (álbumes desplegables) de Helena Santolaya.  Lo montamos y estrenamos en Zaragoza, 2004. En Buenos Aires hizo temporada en el IFT, luego viajó por festivales de Argentina y Venezuela. Se representa periódicamente, en complicidad con el Teatro Crisol, por el mismo Martín Ortiz y elenco ad hoc.
[6] Director de Historia Crítica de la Literatura Argentina (desde 1999, publicada por Emecé, 12 tomos, varios años). Yo, en la introducción a modo de homenaje, hablé de la importancia que había tenido para mí el ensayo de Fernández Moreno titulado Introducción a la poesía (Fondo Cultura Económica, 1962). Y Jitrik, sin hacer sangre, aprovechó para desautorizar algunas teorías expresadas por su amigo César en el libro. Glub.
[7] Hundido con la empresa hasta el cuello, en 2011 llevo a los institutos una selección de Romancero gitano, con la ayuda de amigos que me asistían. En el recital, que daba en solitario, me aferraba al atril. Mi estado nervioso era parecido al de cualquier autónomo o pequeño empresario que sucumbía en la llamada “crisis”. Para colmo sufrí varias operaciones clínicas, entre ellas dos de cuerdas vocales. El Romancero gitano era lectura obligatoria en 2º de Bachillerato. Un trabajo, el mío, con luces y sombras.
[8] Producción de El Silbo como Compañía Residente del Teatro Arbolé, 2009. Actuamos Carmen Orte, Carolina Mejía y yo. Conchi del Río estaba de regidora. Música de Arelys Espinosa. Vestuario de Isabel Biscarri y cartel de José Luis Romeo. Reciclábamos también una escenografía pintada por Ignacio Fortún. Se estrenó en San Juan de Duero, en el Festival Expoesía de Soria, 
[9] Producción de El Silbo como Compañía Residente del Teatro Arbolé, 2010. Actuaba con Carmen Orte y Aloma Rodríguez.
[10] Producción americana de El Silbo, estrenada en Buenos Aires, 2016, que sigue en repertorio. Actúo con Carina Resnisky.

Hernandiana

El Centro Público de Educación de Personas Adultas de Huesca se llama Miguel Hernández.  Allí estuvimos. Este es su logo:

 


Periódicamente vemos que  periodistas, artistas e instituciones recuerdan a tal o cual personaje de las Letras o de las Artes en el centenario de su nacimiento, o en otras efemérides. En ocasiones la celebración entronca con la ciudadanía, con gente que ni escribe ni pinta, ni canta, ni es alto cargo en el escalafón cultural. Tiende, entonces, a ocuparse espacios de base, lejos de las cátedras, los museos y los palacios de gobierno. Son las bibliotecas, a veces inspiradas por los club de lectura, los colegios, con la motivación de un buen profesor, o la plaza pública. 

Los aniversarios de Miguel Hernández revelan muchos cultivadores de su memoria.

Este año la fecha a recordar era el 28 de marzo de 1942. Y aquí, convocados por la Universidad de Zaragoza, profesores, poetas, artistas y ciudadanos en general, recordamos al poeta en el día de su muerte, 75 años después.
video

También se ha recordado aquel Homenaje de los Pueblos de España a Miguel Hernández, cuando se empezaba a salir de la dictadura, al poco de morir Franco. Así, en el Museo Pablo Serrano, dentro de la colección De las Artes y las Letras, se expone una colección de documentos relativos a aquellos actos en los que participamos modestamente. La sección De las Artes y las Letras muestra fondos del propio museo; en este caso, la muestra ha estado preparada por Jesús Rubio. Reúne además las serigrafías que se hicieron aquel año de 1976.





Por las tierras de Miguel, Jesucristo Riquelme ha seguido editando nuevas páginas en torno a la obra de su casi paisano.






Riquelme, nuestro hernandiano de cabecera, ha escritos muchos libros sobre otros temas. Es, por ejemplo un gran conocedor de la literatura del siglo XVIII. El teatro es una de sus -podríamos decir- especialidades. 

De su trabajo investigador, recordamos hoy dos "pequeñas cosas": la localización de Miguel Hernández en el puesto de mando en la toma de Nuestra Señora de la Cabeza (Jaén). En la foto, el tercero por la derecha.

Otra aportación: la recuperación de los 30 números de la Revista Luna. En Madrid, años 1939-40, la embajada chilena refugió a muchos perdedores de la guerra. Entre ellos, un grupo formado por Antonio Aparicio, Edmundo Barbero, José Campos, Pablo de la Fuente, Antonio de Lezama, Santiago Ontañón, Aurelio y  Julio Romeo, que se juntaban en la noche para confeccionar la revista. De cada número editaban ¡un solo ejemplar! Cuarenta años después, Riquelme los localizó en Chile y se pudieron editar:


La escena también ha nutrido el homenaje anual. Aquí el cartel del Celcit y sus actuaciones en Madrid con Luis Molina al frente.




Aquel 2010

En 2010, uno de los peores años de la "crisis" que sufrimos, celebrábamos el centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Muchos aficionados a la poesía y a la historia española, hacían que en mil escenarios sencillos la ciudadanía pudiera recordar su poesía. 

Algunos teatros fueron también lugar de encuentro entre la obra y el oyente, gracias a los trabajos escénicos que los artistas profesionales ofrecían con mayor o menor acierto (desde Serrat, Mario Gas, La Nona, Meridional, Argos, Gerena...). 

Mal año, ya te digo, con mucha competencia. Además se contrataba poco y se pagaba con mucho retraso. En resumen: no había dinero para contratar, ni cintura para el combate.

Rayo, Viento y Ausencia se estrenó meses antes del centenario, en el Festival de Poesía Moncayo. Para la ocasión, Vicente Almazán nos ayudó a recuperar el cartel que usábamos en 1973.



El espectáculo se ofrecía a las instituciones, por si les encajaba. En Aragón se trabajó con el circuito institucional, e hicimos campañas con la Red de Bibliotecas de Aragón, con la Comarca Andorra-Sierra de Arcos, o con el Ayuntamiento de Utebo, que nos llevó a todos los centros escolares, propiciando la creación de El mundo de Miguelillo para hablarles de poesía a los niños.

En Cuba trabajamos -desde el Teatro Terry de Cienfuegos- con la Embajada de España, la UNEAC, y la Asociación Hermanos Saíz. 

En Argentina -desde el Teatro Crisol de Buenos Aires y desde El Peregrino de Jujuí- con la Oficina Cultural de la Embajada de España, la Dirección de Bibliotecas de Buenos Aires, y las universidades de La Plata y San Salvador de Jujuy.



13 de agosto de 2017

En el sector del Libro (I) Luisfelipe Alegre

Rara vez en mi currículum he mencionado mi relación con el mundo del Libro, porque es algo consustancial en la vida, como el amar, el comer o el soñar. Sin embargo las agendas está nutridas con la palabra “libro” precedida de verbos diversos: encontrar, trascribir, cotejar, preparar, hacer, reunir, empaquetar, transportar, buscar, devolver, pedir, comprar, pagar, difundir, escribir, corregir, reseñar etc.
De esto hablaremos en esta serie de escritos que titulo En el sector del Libro.

PRIMEROS RECUERDOS. Librería, disco, libro.

Pasé media infancia, hasta que tuve 5 años y me llevaron al colegio, en la librería Lepanto,  donde mi padre me llevaba cada día, pues era íntimo de don José Fernández, el librero. Allí, en el sótano, veía a señores raros que lo mismo se hablaban a voces que al oído. Lamento no recordar ningún libro de los que don José, o  Palmiro, pondrían en mis manos para entretenerme. Solo recuerdo a aquellos hombres, la escalera de caracol y la claraboya, pues el sótano estaba bajo la acera del Paseo Independencia, en la que taconeaban los viandantes. 
Mi primer libro no estaba hecho con papel , vitela, ni pergamino. Mi primer libro fue un disco. Y la primera poesía que memoricé la aprendí de oído, cuando entró en casa un tocadiscos del
Reader’s Digest. La recitaba Manuel Dicenta y era tan larga que ocupaba las dos caras del vinilo: Coplas a la muerte del maestre don Rodrigo.
Avisado de que en el disco faltaban varias estrofas, mi primer libro de papel fue el de las Mil mejores poesía de la lengua castellana, donde aprendí, silabeando,  las coplas no incluidas.
Otros discos me dirían los autores que debía buscar.
Pasé la adolescencia buscando libros que no estaban ni en los escaparates, ni en los estantes de las librerías: Canto General, Antología rota, Viento del pueblo…  que enseguida llevaría al escenario.

ALMILLA LITERENCA, distribuidora de libros

Yo iba recitando y haciendo teatro. Chusé Aragüés me introdujo en la fabla aragonesa. En los recitales de Pilar Garzón en Pago Pago, sucumbí ante el primer poema de  No deixez morir a mia voz[1]  y quise hacer algo por la causa.
En 1977 monté en Zaragoza la distribuidora de libros Almilla Literenca, con delegaciones en Madrid y Barcelona. Así comenzó la comercialización de libros en fabla, cosa que debíamos explicar librería por librería y redacción por redacción.
Ese año aparecieron varios libros en aragonés moderno en las Publicaciones Porvivir Independiente[2] y en su colección Puyal. Para la normalización del aragonés se había creado el Consello d’a fabla aragonesa, que nos aportó sus novedades.[3]
Para la promoción, editábamos carteles que llamaban la atención. La difusión se beneficiaba con  los recitales de artistas cultivadores de la fabla.[4]
En 1978, estábamos especializados en lenguas de la península: diccionarios, literatura, manuales. También en poesía, claro, con revistas españolas del momento y editoriales poco comerciales pero imprescindibles.[5] Algunas nos las cedían gustosamente otras distribuidoras.
Crecíamos, cambiábamos de locales y de nombre, Alazet ahora. Ante el crecimiento de la empresa mi socio Chusé Aragüés emprendió la creación de la Librería-Distribuidora Ícaro, lo que obligaba a una dedicación  exclusiva. 
Habiendo aprendido el intríngulis del circuito del libro, seguí imprimiendo “en el aire”,  convencido de que el paso previo a la lectura era el oído.

NI CAUDILLO NI REY: REPÚBLICA. Fernando Valera

Don Fernando Valera fue el último presidente del Gobierno de la República Española en el exilio. Entre sus obras: Ni Caudillo ni Rey: República.[6] Fue el primer libro con el que hice transporte “internacional”.
Un 21 de junio, tras las elecciones de 1977, don José Maldonado, Presidente de la República en el exilio, y don Fernando Valera,  firmaron “el término a la misión histórica que se habían impuesto”. Mi misión era testimonial: recoger en Toulouse el manifiesto de disolución y difundirlo desde Zaragoza. Pero como el paquete era liviano [7] y yo había llevado una maleta grande, los viejos republicanos de Toulouse la llenaron con ¿50? ejemplares del libro de Valera y, en los huecos, otras declaraciones de los últimos próceres.

TRADICIÓN Y ORIGINALIDAD. Manrique y Salinas

En 1979 se cumplían 500 años de la muerte de Jorge Manrique.  Estudiamos a fondo no solo las partituras próximas a la época y  las distintas ordenaciones de las Coplas, sino también todos los estudios que pudimos encontrar, empezando por el de Serrano Haro en Gredos. No sé cómo, llegó a nuestras manos Jorge Manrique o tradición y originalidad de Pedro Salinas, su primera edición, en Sudamericana, que se convirtió en nuestro libro de cabecera.
Yo estaba predispuesto a dar las estrofas en que habla la Muerte a una voz femenina que las cantara, y buscaba algún indicio de que el poema hubiera sido (re)presentado así en su día, a modo de momo elegiaco. Discutimos el particular con el profesor Alda Tesán, que había editado toda la obra de Manrique en Cátedra, pero él sospechó que yo pretendía emparentar las Coplas con alguna Danza de la Muerte y acabó echándonos de su despacho en el Instituto Goya. La bronca fue muy útil, pues desde entonces he procurado congeniar las diferencias entre estudio crítico y versión escénica.
Buscamos[8] inspiración en Uclés, en Santa María del Campo Rus, en Garci Muñoz, en Paredes de Nava, en Segura de la Sierra, y en Ocaña. Nos dieron permiso en la Biblioteca Nacional para cotejar ediciones glosadas de las Coplas editadas el siglo XVI, comprobando que ordenación y grafía respondían, acaso, al capricho del glosador o de su editor. Al final, hice mi propia ordenación de las estrofas y seguí la fonética de Dicenta.

POESÍA URBANA, inicio de un nuevo sello


Al poco, me veo representando a la Asamblea de Cultura en el debate sobre concursos y ediciones literarias del Ayuntamiento de Zaragoza.
Coordino la edición de Poesía Urbana, que, en 1980,  inicia la colección  Cultura Popular del Ayuntamiento. La gestación de ese libro fue prolija y hubo episodios memorables, para bien y para mal.[9] Eran tiempos nuevos y aún no entendíamos la importancia del prólogo institucional, por ejemplo.
Aprendí algunas servidumbres del editor para con el patrocinador, impresor, encuadernador, autor, etc. Y decidí que mi labor como “editor” terminaba en ese libro, tras comprobar que, más que la distribución, la edición era un trabajo minucioso, absorbente y poco compatible con la vida del actor.

EL JARDÍN DE VENUS y el ARTE DE LAS PUTAS debutan en escena

Alertado por Curro Fatás, supe que comenzaba a editarse la poesía erótica del XVIII, así que en 1977 ya estábamos escenificando en Chal Chal[10] poemas del Jardín de Venus de Samaniego, y del Cancionero de amor y risa.[11] Luego llegó el Arte de las putas de Nicolás Fernández de Moratín, editado en México por Los brazos de Lucas.

Estos tres libros acabarían conformando el espectáculo Sátira Sátiro[12]. En Valencia, un librero cercano al café teatro La Claca vino a vernos porque había vendido más de 40 libros de Samaniego en dos semanas. Era, ciertamente, una primicia.
En 1983, hacíamos una función semanal en Madrid, en El Juglar de Lavapiés, y nos venía público entendido. De allí salió una cita que tuvimos en el Café Comercial con Enrique Llovet y José Mª Forqué para hablar del Jardín de Venus, título que habían puesto ellos a una serie televisiva de cuentos eróticos y que de Samaniego solo tomaba el título. Nunca supe el motivo de esa entrevista, acaso evocar la Fonda de San Sebastián. O acaso reconocernos como usufructuarios del Jardín de Venus.

TRATADO DE DECLAMACIÓN de José Bastús

En 1982, viviendo con el grupo en Sevilla, me encuentro en la Librería Baena el Tratado de Declamación de José Bastús, edición de 1850.[13] 
Sabía de él porque  Xavier Fábregas  reproducía algunos párrafos en su prólogo  al libro de Odette Aslan El actor del siglo XX -Evolución de la técnica. Problema ético (Gustavo Gili, 1979). Y aquellos párrafos recogidos por Fábregas, me habían encandilado, era como encontrarte con tu tatarabuelo.
Con la compra del Tratado empecé una colección casi de bibliófilo en torno a manuales y memorias de teatro.
A veces he tomado para la escena párrafos del libro, como en la obra Poe Cía Noventidó.

LIBRO ESCENOGRÁFICO. Eugenio Arnao

Javier Delgado nos habló del proyecto Poesía en el Campus que debía celebrarse en el aula magna de Filosofía y Letras el curso 1984-85. En la sesión inaugural presentamos como escenografía un libro gigante realizado por Eugenio Arnao.  Dadas sus dimensiones (abierto, 230 centímetros de ancho) las tapas y el lomo, con apariencia de cuero, tenían un esqueleto de madera robustecido con corcho. Las hojas se fabricaron con un papel grueso y cada página anunciaba a uno de los intervinientes. Era aparatoso de transportar y de colocar, pero con la luz de escena quedó bastante bien. En usos posteriores, Eugenio fue cambiando las hojas con materiales nuevos de mayor consistencia.
Otros libros de Arnao  han quedado como utilería en nuestras actuaciones: pitillera-libro, casete-libro, etc. Por no hablar de sus colaboraciones plásticas y musicales.

CUADERNO DE VIAJE. Autores americanos en Malvís

De una larga gira sudamericana,[14] volvimos con muchos libros. Aquí vimos que eran representativos de varias generaciones de poetas americanos contemporáneos.
Instalado en Madrid, Ángel Guinda publicaba en colaboración con Ángel Luis Vigaray la revista Malvís. Algunos números salían en formato librito. La revista estaba muy bien hecha y, en dos ocasiones compramos cierta cantidad de ejemplares para enviar a las bibliotecas de los institutos
donde íbamos actuando. Malvís fue una revista importante que alternaba voces aragonesas con otras de las Españas. Aparecía con una separata, Fuente de Cibeles, con el poemario completo de un solo autor, tipo folleto pero también con tapas de cartón.
Con Guinda hicimos una selección de los textos americanos  que titulamos Cuaderno de viaje.[15] Apareció en el número 7-8, un número doble pues a nuestra antología le seguía la de Trinidad Ruiz Marcellán con poetas gallegos contemporáneos. Ambas estaban separadas por un dibujo de Salvador Galup.

(Continuará)



[1]  De Anchel Conte, en El bardo, 72
[2] Porvivir Independiente había sido creada en Luesia por Ángel Guinda, y su barco insignia era la colección Puyal, donde aparecen: Cutiano Agüerro, de Francho Nagore y  Libertad, el poema de Paul Eluard en francés, aragonés y castellano. También sacaba otros libros fuera de colección, como la segunda edición de Garba y Agua, de Eduardo Vicente de Vera y la primera novela en aragonés moderno, Do s’amorta l’alba, del mismo autor.
[3] Un nomenclátor de pueblos aragoneses, o la cartilla Ninos que hizo Bizén do Rio.
[4] Que, además de Garzón, contaba con Valentín Mairal, Ana Martín, o los grupos Renaixer y El Silbo Vulnerado.
[5] Como Toro de barro o Provincia, que en Carboneras de Guadazaón (Cuenca) y en León dirigían,  respectivamente, Carlos de la Rica y Antonio Gamoneda.
[6] Se había editado en México (Finisterre, colección Perspectivas Españolas, 1974) y tenía 261 páginas.
[7] La Declaración ocupaba un folio. No tenía pie de imprenta, pero era similar a los documentos del Gobierno de la República que salían de La Ruche Ouvrière, imprenta parisina ubicada en la rue Montmorency.
[8] Los “manriqueños” éramos Goyo Maestro,  Jesús Lou y yo. En el escenario se sumaba Lourdes Lachén, luego Carmen Orte, en el papel de La Muerte.
[9] Protagonizados por Trinidad Ruiz Marcellán, Luis García Nieto, Ángel Guinda y Emilio Gastón, entre otros. Se pretendía recoger poemas de los autores zaragozanos, pero algunos no se prestaron; al final aparecieron 29 poetas en 205 páginas. La edición fue de 2.000 ejemplares .
[10] El silbo vulnerado, con Francisco J Gil, José Mª Pons, Gloria García y yo.
[11] Que habían sido organizados y prologados en 1914 por Joaquín López Barbadillo, compilador de escritos heterodoxos. Ahora los editaba Akal.
[12] Sátira-Sátiro, espectáculo de poesía erótica entre los siglos XIV y XVIII. Estrenado en el Castillo de Cortegana (Huelva) en 1982. Dirigido por Héctor Grillo. Cantaba Carmen Orte y yo interpretaba los versos.
[13] Compré el ejemplar, con el beneplácito de mis compañeros, pues costaba el sueldo que ganábamos semanalmente Carmen Orte, Karlos Herrero y yo en el café teatro Zarabanda de Triana, donde hacíamos Sátira Sátiro. Así que durante una semana nos alimentamos de esa lectura y no de otra cosa.
[14] 1988-89 Gira de El Silbo, con Carmen Orte, Jesús Lou y yo por Argentina, Chile, Bolivia y Perú.
[15] Cuaderno de Viaje –poesía de Argentina y Bolivia-  (Revista Malvís, 7-8, Madrid, 1990), con poemas de los argentinos: Marcelo Actis, Alejandro Archaín, Carlos H. Bianchi, Jorge Boccanera, Oswaldo Bossi, Fabián Casas, José Antonio Cedrón, Alba Correa, Elba Fábregas, Jorge Fondebríder, Juan Gelman, José Kozer, Adolfo M. Ponti, Alberto Luis Ponzo, Cristina Santiago, Leda Valladares, José Alberto Villa, Javier Villafañe, Juano Villafañe, Carlos Vitale, David Wapner. De Bolivia: Marlene Durán Zuleta, Jaime Nisttahuz, Humberto Quino, Jaime Sáenz, Jesús Urzagasti, Alberto Guerra, Julio de la Vega y Alcira Cardona.